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    8/17/2007

    PAPIRO DE COLONIA

     
     
    Mi corazón está apesadumbrado, mis piernas no me llevan,
    Otrora tan ligeras en el baile, cual jóvenes gacelas.
    A menudo lo lamento, ¿pero qué puedo hacer?
    ¿No envejecer? Eso es algo imposible para una mortal.
    Dicen por cierto de Titono que la Aurora, con sus rosados brazos,
    Se sintió herida de amor por él y se lo llevó a los confines de la tierra,
    Pues era hermoso y joven, pero, pasado el tiempo, la canosa vejez se
    apoderó de él...
    Pese a que su esposa era inmortal...   Corazón roto   
    2/10/2007

    POEMAS A LAS ENEMIGAS

    Poemas a las enemigas. 
     
     
    Muerta yacerás y ya nunca memoria de ti quedará
    en el mañana, pues no participas de las rosas
    de Pieria. Anónima también en la morada de Hades
    errarás espantada entre borrosos espíritus.
     
     
    ¿Quién es la palurda que te embruja el sentido,
    que lleva un vestido de palurda
    y no sabe arrastrar sus harapos sobre los tobillos?
    8/25/2006

    POEMA A CLEIDE

     
    Poema a Cleide.
     
    Tengo una linda niña
    con la hermosura
    de las flores de oro.
    Cleide, mi encanto.
    Por ella yo daria
    la Lidia entera y mi tierra querida.
     
    No llores, Cleide:
    donde se honra a las musas
    no se permiten
    trenos, en nuestra casa no sientan bien.
    4/8/2006

    POEMAS 5 Y 6

    Lamento en la Oda a Afrodita
     
    Dulce madre mía, no puedo trabajar,
    el huso se me cae de entre los dedos.
    Afrodita ha llenado mi corazón
    de amor a un bello adolescente
    y yo sucumbo a ese amor.
     
    Una amada ausente
     
    Te igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol. Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las campiñas floridas, dónde ha caído el rocío y han brotado las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del trébol. Mas en el ajetreo de su nueva vida no deja de añorar el cariño de su amada Atis, y en el pecho le duele de nostagia el corazón.
    2/24/2006

    POEMAS 3 y 4

    POEMA 3
     
    Sola, en alta rama, enrojece
    una dulce manzana,
    alto, en lo más alto, inadvertida a los
    recolectores.
    No, no inadvertida, es que no
    pudieron alcanzarla.
     
     
    POEMA 4
     
    Se han sumergido la luna y las
    Pléyades, media
    noche, pasan las horas y yo, duermo
    sola.
    1/8/2006

    POEMA 2

    Diosa de artístico trono, inmortal Afrodita,
    hija de Zeus que trenzas engaños, te suplico,
    no domeñes con angustias y tormentos,
    señora, mi ánimo,
    por el contrario ven aquí, si alguna otra vez
    al escuchar mi voz a lo lejos
    me atendiste, y viniste dejando la casa
    de tu padre
    tras uncir dorado carro; hermosos gorriones
    te llevavan veloces en torno a la negra tierra
    agitando sus tupidas alas desde el cielo
    a través del éter.
    Al punto llegaste y tu, bienaventurada,
    con una sonrisa de tu rostro inmortal
    me preguntaste qué me hacía entonces padecer, por qué
    de nuevo te llamaba
    y qué deseaba más que sucediera
    mi corazón en su delirio " ¿a quién he de persuadir
    esta vez a aceptar tu amor?; ¿quién,  Safo,
    te agravia?
    Pues si se muestra esquiva, pronto perseguirá,
    si no acepta regalos, aún los ofrecerá,
    y si no siente amor, pronto lo sentirá,
    aun si no quiere".
    Ven también ahora a mí y líbrame de terribles
    inquietudes; cuanto desea que se cumpla
    mi ánimo cúmplemelo, y sé tú misma
    mi aliada. 
     
    SAFO en Ediciones Clásicas.
    12/21/2005

    POEMA 1

    Me parece el igual de un dios, el hombre
    que enfrente de ti se sienta, y tan cerca
    te escucha absorto hablarle con dulzura
    y reírte con amor.
    Eso, no miento, no, me sobresalta
    dentro del pecho el corazón; pues cuando
    te miro un solo instante, ya no puedo
    decir ni una palabra,
    la lengua se me hiela, y un sutil
    fuego no tarda en recorrer mi piel,
    mis ojos no ven nada, y el oído
    me zumba, y un sudor
    frío me cubre, y un temblor me agita
    todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,
    pálida, y siento que me falta poco
    para quedarme muerta.
     
    SAFO en Líricos griegos arcaicos.